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Error de Líder Triunfador

Jun 03, 2026
Error de Líder Triunfador
6:27
 

 

¡HOLA! Bienvenido a Miércoles de Liderazgo, te saluda Alfredo Esponda para ofrecerte reflexiones que mejoren tu liderazgo en tu vida social, familiar y laboral.

 

El poder y el dinero no cambian a la gente, simplemente la desenmascaran. El líder triunfador traiciona los principios que lo llevaron al éxito, en algunos casos.

 

Conocí a Doña Adriana, estupenda directora de una asociación, que cautivaba a cuantos se acercaran a ella; sin embargo, era cruel con sus colaboradores. Los maltrataba y los ninguneaba. Su soberbia la enceguecía. ¿Cómo es que tenía doble personalidad?

 

Adriana era encantadora con los clientes y sus pares, todos la admiraban y la respetaban. El negocio no era de ella, ¿entonces, de dónde derivaba tanta confianza? Era admirable el poder ejercido sobre los accionistas. Ninguno de ellos veía más allá de la propia Adriana.

 

Una vez vi llegar a la oficina de la dirección general al “troncho”, el mensajero de la empresa, la secretaria lo recibió y le dijo apuradamente: “corre que te está esperando Doña Adriana”.  Troncho entró y a través de las paredes de Tablaroca se alcanzó a escuchar una retahíla de mensajes injuriantes.

 

Después de diez minutos “Troncho” salió todo arrugado. Una vez cerrada la puerta le alcancé a escuchar un débil: ¿Qué me dijo? Así le sucedía a Doña Adriana, eran tan fuertes sus gritos que sus colaboradores, no sólo no la oían, sino que jamás se atrevían a preguntar. En consecuencia, el verdadero diálogo entre Adriana y sus colaboradores era inexistente.

 

Adriana lograba un envidiable desempeño de su equipo de trabajo. Todo siempre limpio y bien arreglado. Nada fuera de lugar. ¿Cómo lo conseguía? A través del miedo, todos corrían para seguir sus instrucciones y corregir lo que saliera mal o a disgusto de ella.

 

De lejos, era fácil percibir que Adriana contaba con más colaboradores de los necesarios y que ella tenía que desgastarse para estar en todas partes para repetir sus instrucciones. Costos altos para la empresa y elevado costo emocional para la líder.

 

Otro caso. René, el nuevo director de la fábrica, llegó precedido de grandes éxitos en sus trabajos anteriores. Su prestancia y desenvoltura impresionaron a los trabajadores y empleados. Se movía con rapidez y precisión. Su nuevo cargo era para dirigir una empresa metal mecánica que producía árboles de navidad para Pemex.

 

René se apoderó fácilmente de la conducción, era ingeniero industrial egresado del TEC y todo parecía resultarle fácil. Diagramó todo el proceso y lo seccionó para formar equipos de trabajo especializados. La empresa comenzó a tener éxitos inmediatos, ya no había devoluciones, ni retrabajos que hacer.

 

Era impresionante cómo una fábrica que antes tenía problemas por todos lados y de todo tipo comenzó a estar ordenada y funcional. Conservó a todos los supervisores, simplemente los reunía y les daba indicaciones, lo cual funcionó de maravilla.

 

La prueba de fuego llegó. La negociación del contrato colectivo con el sindicato. René llamó al líder y le dijo: “Seamos adultos. No me pidan alza salarial que no puede pagar la empresa para después irle bajando y perdamos semanas de reuniones. De parte de la empresa les ofreceremos lo que realmente puede pagar la empresa, nada de ofrecer menos para después irle aumentando. Seamos serios desde el principio”

 

La voz de René sonó tan auténtica que el sindicato le creyó. Solo fueron dos reuniones y se firmó el contrato colectivo para los siguientes dos años.

 

René fue firmemente reconocido por los accionistas y fue ratificado en su puesto. Allí comenzó el problema. Todas las acciones que lo llevaron al éxito fueron olvidadas. René comenzó a comportarse despóticamente con todos y aquel que no obedeciera sus órdenes era castigado. Se propuso bajar costos y comenzó a despedir personal. El sindicato que fue dócil y colaborador, empezó a fomentar el tortuguismo y la empresa sufrió en los tiempos de entrega y todo volvió a ser como antes.

 

René comenzó a deslizarse por el tobogán del fracaso. Reacción típica de quienes no saben manejar el éxito. Los factores que lo llevaron a la cúspide son traicionados sin darse cuenta. La humildad, la capacidad para acercarse a la gente, el preguntar y saber escuchar, lo que tanto le ayudó, dejó de ser parte de su comportamiento. La arrogancia lo destruyó.

 

Participé un año completo con el programa de mejora continua, vi el apego de René a los considerandos del programa. Quedó muy agradecido por los éxitos que cosechó, pero los líderes sindicales marcaron la diferencia, no soportaron ser engañados.

 

Es peligroso confundir éxito empresarial con superioridad personal. No reconocer que el éxito es grupal, que es preciso otorgar valor a quienes contribuyeron al triunfo del equipo, no es sólo el líder quien sale adelante, es toda la gente. Es peligroso erosionar la confianza que le otorgan al líder sus seguidores.

 


 

¡HASTA EL PRÓXIMO MIÉRCOLES!

 

CARL GUSTAV JUNG: El verdadero líder siempre es guiado.

 

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