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¿Por qué no Hay Líderes?

Sep 16, 2026
Virtuosum
¿Por qué no Hay Líderes?
7:40
 
Foto: Imagen creada con IA

 

¡Hola!, bienvenido a Miércoles de Liderazgo. Alfredo Esponda te invita a reflexionar sobre el tema de liderazgo. Gracias por estar aquí. Saludos cordiales.

 

¿De qué clase de líder estamos hablando? ¿Por qué en un ambiente los líderes surgen y prosperan mientras que en otros no? Nos vamos con la finta: hablan bonito, tienen gran confianza en sí mismos, logran ser escuchados, gozan de gran aceptación en su círculo social, etc, todo ello cuenta, pero no nos arroja al personaje que buscamos.

 

Pensemos en el caso de la figura presidencial que necesita México, ¿por qué la oposición no puede encontrar a su líder? Será porque estamos acostumbrados a que nos los fabricaron con mucho talento y superiores recursos para hacernos creer que estábamos ante el líder que necesitábamos. Así fue sexenio tras sexenio.

 

López Mateos nos fabricó a Díaz Ordaz, luego éste nos fabricó a Luis Echeverría, éste a José López Portillo. Cada uno, un segundo antes de ser destapado como candidato oficial era un auténtico “don nadie”, objeto de críticas y maltrato por los errores cometidos. Pero una vez ungido como el candidato oficial, se llenaban planas y planas de periódicos con todas las cualidades habidas y por haber.

 

Todo iba bien hasta que emergió un líder, Vicente Fox Quesada, que sin ese soporte del oficialismo supo cautivar a los votantes. Eso prendió porque ya había un cansancio natural del sistema y un presidente a cargo con la buena disposición para aceptar el cambio. Varios años después pasó lo mismo, el candidato López Obrador capitalizó los desencantos de quienes desaprovecharon la oportunidad de cumplir con las promesas que generó el cambio.

 

Ahora vayamos al terreno de las asociaciones, empresariales la mayoría, donde un líder surge casi por acuerdos de quienes integran sus cúpulas. En ese ambiente lo difícil es que “nadie quiere ser el líder”, lo creas o no, así sucede. Esto convierte en terreno fértil las direcciones operativas o generales.

 

En casi todas las asociaciones vemos presidencias que duran dos o cuatro años, mientras que el director general se eterniza diez o quince años, sin que nadie lo elija o tenga necesidad de hacer campaña.

 

¿Por qué nadie quiere ser el líder de una asociación?

 

En una asociación los incentivos no están claros y los perjuicios están a la vista. Son puestos honoríficos, no cobran, hay mucha responsabilidad y gran exposición ante el público relacionado con dicha asociación. El riesgo está siempre a la vista. Una declaración de prensa equivocada y se sueltan los comentarios que pueden destruir una reputación lograda a través de los años.

 

Guillermo Dillon observó esta situación y esto lo llevó a la creación de la Asociación Nacional de Dirigentes de Asociaciones de México (ANDAMOS) donde “sus integrantes buscan impulsar la formación de nuevos liderazgos para los organismos empresariales y asociaciones civiles”. (Reforma 27/08/26)

 

La presidenta actual Cecilia Carrillo aseveró “que nosotros formemos nuevos líderes para que ocupen nuestros lugares, eso es en gran parte nuestra misión”. El fundador, Dillon, afirmó “nosotros tenemos que trabajar en un liderazgo compartido”. Una expresidenta de ANDAMOS, Mayté Cárdenas, afirmó “el gran reto es construir organizaciones con liderazgos que entiendan que tienen fecha de caducidad”.

 

Conclusión, los formadores de líderes de instituciones privadas están muy bien orientados, es una pena que no suceda lo mismo en los partidos políticos. En el ámbito político necesitan crear una organización como ANDAMOS, una institucionalización del proceso: identificar, reclutar, capacitar, probar, asignar posiciones de baja responsabilidad para experimentar y luego lanzar al fuego de las campañas a los candidatos elegidos.

 

Los líderes deben cuidar sus reputaciones, allí tenemos a “Alito” que es un gran líder, pero su desprestigio le abrió el cadalso, no hay manera de recuperar eso, es terreno perdido. Su ambición le impide ceder el terreno a candidatos fuertes como Ricardo Anaya y Colosio Riojas. Se requiere un líder fuerte que aglutine a toda la oposición, misión casi imposible.

 

En el medio hay muchos líderes con enorme potencial, pero se necesita la guía experimentada y protectora de alguien poderoso que conduzca el proceso. Eso lo tiene resuelto el partido en el poder.

 

Poner en puestos de alta responsabilidad y trascendencia a alguien nada más por ser leal, aunque no tenga formación ni experiencia ha resultado un rotundo fracaso. Desgracia nacional que urge corregir.

 

Tomemos el ejemplo que nos dejaron los grandes consorcios del pasado que sembraron las raíces de su fracaso al elegir a hijos y parientes que no supieron sostener el éxito recibido.

 

En este siglo XXI tenemos corporaciones exitosas porque a los sucesores los han llevado por una ruta de ascenso progresivo, que a base de enseñanza y experimentación cristalizaron una nueva generación de empresarios fuertes y agresivos que se desempeñan con éxito.

 

El tamaño del líder lo marca la dimensión del reto que enfrenta. No es válido cruzarse de brazos y esperar que un azahar del destino nos lo presente. Mientras mayor es el reto, más grande es el trabajo formativo por realizar.

 

La decepción nacional está plasmada en el desánimo generalizado y la muerte de las aspiraciones por parte de las nuevas generaciones. Todo tiene un límite que desconocemos, sólo cuando lo rebasamos hemos de surtirnos de abundantes lamentos.

 

La esperanza muere al último. Luchemos porque no muera y, a cambio, surja un nuevo aliento que llene nuestros corazones de fuerza y empuje para lograr nuestros anhelos.

 


¡HASTA EL PRÓXIMO MIÉRCOLES!

 

WILLIAM SHAKESPEARE: Fuertes razones hacen fuertes acciones.

 

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